Ir al contenido

El amor que no nos enseñaron

Esta es el primer Newsletter de febrero, y sí, sí te voy a hablar del amor. Pero no del amor romántico, ni del amor propio así como lo conocemos.

Te quiero hablar de un amor más profundo. Uno que es incondicional, que sostiene todo lo que hacemos, lo que somos, lo que pensamos, y que siempre está disponible para nosotras.

Y quiero hablarte de esto porque fue este amor el que salvó mi relación personal. 

Ya te he contado antes que hace unos años mi diálogo interno estaba lleno de juicio, maltrato, odio, culpa y vergüenza. Yo misma era mi peor enemiga. 

Y sé que quizás, si estás leyendo esto, también te ha pasado que tú misma te tratas como jamás lo harías con nadie más, mucho menos como alguien a quien amas. 

Es por eso quiero hablarte de este amor, porque quizás también necesita una pequeña (o gran dosis) de esto en tu vida.

Sucede que cuando somos nuestra "mejor versión", las cosas nos salen bien, alcanzamos algún logro, los demás nos aplauden o nos reconocen, etc. se nos hace fácil amarnos, aceptarnos, sentirnos cómodas y felices con nosotras mismas. 

Pero ¿qué pasa cuando le fallamos a alguien? ¿cuando cometemos un error? ¿cuando sale nuestra "peor versión"? ¿cuando herimos a algún ser querido? ¿cuando no cumplimos nuestras expectativas?

Quiero que por un momento regreses a alguna situación donde haya pasado algo así y reflexiones cómo te trataste, si fuiste capaz de sostenerte en ese momento, de cuidarte, de entender tu proceso, y de estar ahí para ti sin distraerte.

Sin duda para mí es MUY FÁCIL regresar a todos esos momentos donde no he actuado "como debería". Y es fácil porque ha sido tan grande la carga emocional, la culpa y vergüenza, que se han quedado en mi memoria.

Y cuando empecé a escribir lo pude ver con tanta claridad. Según yo me había trabajado mucho y me amaba y aceptaba tal cual era. Pero al ver la forma en que me trataba cuando no actuaba como "debería", salía un juez muy duro lleno de odio y castigo.

Pero para mí era muy difícil ser compasiva conmigo, no me sentía merecedora de tratarme con amor cuando evidentemente era una "mala persona". Y al escribir, era muy doloroso ver ese diálogo interior tan dañino.

Y un día, no sé cómo fue que llegó la inspiración de dedicarle mis escritos a Dios, a esa energía amorosa. Para mí, Dios es igual que amor incondicional, y sabía que él sí podía verme, aceptarme y amarme tal cual era. 

Así que le empecé a escribir a Dios, pidiéndole que me ayudara con mis procesos, que sostuviera en mi camino, que me permitiera verme como Él me ve. 

Y poco a poco fue ese amor el que me empezó a transformar. 

Escribirle al amor me permitió sanar mi relación personal, porque aunque al principio yo no era capaz de darme esa aceptación completa, de ser compasiva con mi proceso y entender mi camino, Dios sí podía y me amaba con todo y mis errores, miedos, culpas. Y empecé a aprender una nueva manera de relacionarme conmigo.

Ahí entendí que no se sana a través del castigo, se sana a través del amor y la compasión.

Y aunque aún sigo en este camino, hoy puedo decir que sí me trato como alguien a quien verdaderamente amo. Sigo siendo humana y me seguiré equivocando, pero al menos ya sé que estoy de mi lado.

Para ya no hacerte este correo tan largo, en el próximo newsletter te quiero compartir más sobre este tema porque se me hace IMPORTANTÍSIMO. 

Con amor,

Chris.

🤍 Una práctica que me regresó a sentirme viva