Hoy te escribe Chris.
Y hoy solo quiero compartirte una perspectiva diferente sobre el cuerpo. Más allá de cómo se ve, qué talla es, si está socialmente aceptado o no… hoy quiero que lo veas desde un lugar más real.
Porque a veces nos enfocamos tanto en cosas que en unos años no van a importar, que hoy nos estamos quitando calidad de vida por algo que no suma.
Y quiero que te hagas esta pregunta:
si tu yo de 80 años te pudiera dar un consejo ¿en qué crees que te diría que estás perdiendo tu tiempo?
Yo lo tengo muy claro.
Me diría que deje de enfocarme en cómo se ve mi cuerpo y que mejor lo use.
Que lo cuide, que le dé lo que necesita, que lo fortalezca y le dé salud, pero sobre todo que lo usé para lo que es: vivir de la mejor manera esta vida humana.
Porque al final, lo que realmente importa no es cómo se veía, sino todo lo que me permitió hacer.
Quiero que mi cuerpo me permita vivir la vida que yo elija, que me pueda sentir libre dentro de él y no en una cárcel.
Correr con mis sobrinos sin quedarme sin aire, ser capaz de cargar cosas pesadas, agacharme, subir, bajar con libertad y sin miedo a lastimarme, intentar cosas nuevas sin pensar “no puedo”.
Sentirme capaz.
Porque mi cuerpo es eso: mi herramienta para vivir.
Y no quiero sentir que vivo limitada dentro de él.
Y está bien que mi cuerpo cambié con el paso del tiempo y no siempre me guste cómo se ve.
Pero no quiero que eso tenga más peso que todo lo que mi cuerpo sí puede hacer.
Porque enfocarnos solo en el “gordito”, la celulitis o lo que no nos gusta, nos desconecta de lo más importante.
Y lo más importante es esto:
el cuerpo es nuestro vehículo para transitar esta hermosa vida humana.
Con amor,
Chris.